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Preparamos la restauración de arrecifes para el cambio climático desde el turismo

Por: Macarena Blanco Pimentel, Coordinadora Científica

Los arrecifes de coral son mucho más que un precioso paisaje; son biodiversidad, relaciones simples y complejas, calma y paz, ajetreo y bullicio, son competición y cooperación, son vida y hogar. Tanto la ecología marina como las personas dependen de los arrecifes y su complejidad. Los arrecifes son el hogar de aproximadamente el 25% de las especies marinas, protegen las costas de la acción del oleaje y erosión de playas, brindan recursos pesqueros y otros medios de subsistencia, y contienen numerosas sustancias con potencial medicinal, entre otros beneficios. Es cada vez más alarmante la velocidad a la que estos increíbles ecosistemas están degradándose y desapareciendo debido a diferentes amenazas, desde contaminación del agua y sobrepesca a escalas locales, hasta calentamiento global y acidificación oceánica debido al cambio climático.

Estos y otros factores producen reacciones de estrés en los corales y desencadenan la expulsión de las microalgas que viven en simbiosis dentro de su tejido. La pérdida de estas algas beneficiosas se traduce en una pérdida de la coloración del tejido del coral y una pérdida de su principal fuente de alimento (ya que las algas proporcionan nutrientes a los corales). Este proceso se denomina blanqueamiento y puede suponer la muerte definitiva del coral. Los eventos de blanqueamiento suelen producirse de forma masiva y global, cada vez de forma más frecuente, y se deben principalmente al aumento de temperaturas máximas y su duración en los arrecifes.

Sin embargo, se ha observado que no todos los corales de un mismo arrecife se blanquean durante estos eventos, o incluso a pesar de blanquearse tardan menos tiempo en recuperarse. Esto se ha observado no sólo entre diferentes especies de coral, sino entre diferentes individuos (colonias) de la misma especie. Esta mayor tolerancia al estrés puede deberse a características morfológicas y fisiológicas del coral, a ciertos genes en el ADN de dicho individuo, al tipo de microalga que tenga en sus tejidos (algunas cepas son más resistentes que otras), al grado de adaptación del coral a condiciones de estrés, etc

Encontrar estas especies e individuos y potenciar su reproducción puede aumentar la resiliencia de los arrecifes de cara al futuro. En la mayoría de operaciones de restauración se utiliza el método de jardinería coral en el cual se incrementa el número de corales en estructuras artificiales colocadas en el mar (a modo de vivero marino) para su posterior transplante a un arrecife. Sin embargo, muchas veces este incremento de tejido coralino se hace mediante la clonación de los corales existentes de una misma especie (de un pequeño trozo fragmentado crece una colonia adulta), lo cual puede suponer una biodiversidad muy baja para los arrecifes restaurados. Además, si no se sabe cuán tolerantes son estos clones al estrés, es posible que un evento de blanqueamiento o brote de enfermedad acabe con todos al mismo tiempo. 

Para abordar este problema, Iberostar decidió en 2018 construir un laboratorio de corales dentro de su resort en Bávaro, República Dominicana. Este laboratorio, además de sus funciones como reservorio de especies e individuos y como centro de divulgación, cuenta con un sistema de control de temperatura de alta precisión que permite recrear eventos de blanqueamiento para estudiar las temperaturas que causan estrés a las diferentes especies de la región, y a la misma vez permite desvelar quiénes son aquellos individuos más tolerantes al estrés. Estos estudios complementan la labor de restauración que el equipo científico de Iberostar están haciendo en su vivero marino en la región de Bayahibe en colaboración con la organización local Fundemar.

En julio de 2019 se llevaron a cabo las primeras pruebas de blanqueamiento junto al eminente científico Dr Steve Palumbi, demostrando el gran potencial que estos experimentos relativamente sencillos pueden tener para una restauración de arrecifes más eficiente. 

En febrero de 2020, tras modificaciones al sistema de control de temperatura, se comenzaron los experimentos oficiales que se retoman en la actualidad. Los experimentos consisten en introducir fragmentos de diferentes individuos de una misma especie de coral replicados en 4 tanques de acuario cuya temperatura sube a lo largo del día hasta diferentes valores máximos y se mantiene por tres horas hasta volver a la temperatura inicial.

Foto: tanque de experimentación con corales de la especie Acropora cervicornis (coral “cuerno de ciervo”)

Al día siguiente se puede observar que ciertas temperaturas no producen un grado de blanqueamiento perceptible, mientras que otras temperaturas inducen un blanqueamiento total y otras inducen una respuesta variable (algunos corales se blanquean y otros no). Esa última temperatura que llamamos temperatura umbral, puede ser diferente según la especie, y permite encontrar los individuos dentro de la misma especie con mayor tolerancia al estrés. El grado de blanqueamiento de cada fragmento puede medirse de forma cualitativa según la coloración del tejido y también de forma cuantitativa utilizando un espectrofotómetro para medir la cantidad de clorofila del tejido como una aproximación a la cantidad de microalgas que todavía no han abandonado el coral.

Foto: Diez fragmentos de diferentes individuos de la especie Acropora cervicornis replicados en 4 tanques con diferentes temperaturas máximas (30°C o temperatura control, 33°C, 34°C y 35°C) sostenidas por 3 horas. En la foto se puede observar el grado de blanqueamiento tras un día de experimento. Debido al estrés por temperatura, los corales expulsan las microalgas de su tejido, perdiendo así la coloración (blanqueamiento).
Foto: Diez fragmentos de diferentes individuos de la especie Orbicella faveolata replicados en 4 tanques con diferentes temperaturas máximas (30°C o temperatura control, 34°C, 35°C y 36°C) sostenidas por 3 horas.
Foto: Fragmentos replicados de diez colonias de Acropora cervicornis (una colonia por fila) tras el experimento a 4 diferentes temperaturas (una por columna): 30°C, 34°C, 34.5°C y 35°C. Se puede observar como los fragmentos pierden la coloración al aumentar la temperatura, excepto los fragmentos de colonias más tolerantes al estrés, en este caso las colonias número 2 y 9.

Estos experimentos apoyan con base científica las operaciones de restauración de arrecifes y suponen un potencial aumento de la resiliencia de los arrecifes restaurados, ofreciendo un halo de esperanza a los arrecifes de la Región, la comunidad científica y la sociedad que de ellos depende.

 

 

 

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